Íbamos tomados de la mano. Entrelazadas. Caminábamos sin rumbo fijo, mirando, comentando sobre una ú otra cosa que veíamos, en medio de una tranquilidad que bien disfrazaba el tedio. Él, con ese cansancio por la vida monótona, simple y cerrada, aquella que tanto años llevaba teniendo, y que se negaba abandonar. Por mi parte, con esta incomprensión a ese sentimiento, pues es justamente al contrario, y curiosamente, a veces de igual manera, que siento que la vide me desborada, que el tiempo no alcanza, que siempre voy atrás de donde se supone que debo estar.
Éramos dos seres extraños, conformando una pareja aún más extraña, que, en mi cabeza, era felíz. No éramos perfectos ni intentábamos serlo, pero cuando compartíamos ciertos momentos (comer una pizza, caminar y caminar, hablar por chat, almorzar juntos), casi parecíamos sentirnos así. O bueno, nuevamente y como siempre en nuestra relación, hablo por mí. Pues sé que sólo desde mi ser, mi cuerpo, mi cabeza, y mi corazón, es que puedo hablar; más nunca desde el de él, en absoluto.
En algunos momentos, como es justamente este, siento como si no estuviese emparejada con una persona, sino con su hermetismo. La sensación de estar en medio de una incertidumbre, de que hay cosas, muchas, al igual que ruidos incesantes de secretos y misterios a su alrededor, y de lo cuales no puedo saber ni entender nada, me inquieta, poco a poco me ha ido degradando, y me tiene fuera de cualquier propósito positivo que pueda hacer en mi vida. Agotada, y principalmente decepcionada de no lograr entenderlo, de no poder comprender su mundo, y además, de no saber qué quiere, qué siente, y que espera de mí.
Como contraparte, él sí me conoce "too much far more"... En lo que digo, en lo que hago, en lo que pregunto, en lo que expreso, en lo que escribo, en lo que soy y muestro ser. Obviamente no me conoce en mi totalidad, pero sí es claro que se acerca. Y eso me irrita, me desconcierta, y me entristece también.
And yes, it is this kind of uncertainty the one that drives me crazy, and makes me strongly desire to stay far away from him, forever. Or, at least, until my feelings, my heart, and, specially, my life, be back again to me. So, then, I could be back to be myself, to smile at anytime, to keep feeling life as a chance, not as a torture, and to being able to show what I truly feel and think. Like if I could quietly show him, to anyone interested, as my boyfriend, my partner, and my mate. Just as we supposedly are.
But I can't. And I'm just as lost and hopeless as probably few people can understand. This "thing" we call love is so sick, so strange, so deep. And it is making me, sometimes, wish that I wouldn't ever felt it for him. So now, I am going among the transition. I'm in the fight, in the middle. Slowly moving, everyday, to a sudden end up.
Bienvenida
Pensamientos, Sentimientos, Deseos y Nuevos conocimientos
Sunday, 20 November 2016
Friday, 26 August 2016
Tú y yo - Us (Borrador/Draft)
From
"Pero me acuerdo de tí" by Christina Aguilera
"Tormenta de arena" by Dorian
"Mi grito" by IP
Pero me acuerdo de tí... De tus palabras tan sanas...
Nooo ohh
Pero me acuerdo.... De lo que solías hacer mientras caminábamos juntos a la siguiente parada...
Todo lo que siento por tí...
Sólo podría decirlo así
Podría decirlo ASÍ
Te he perdido entre la gente, te he dejado y olvidado
Y cuando llega un nuevo día
Mi dices "Si cambiarías, sí"
Sólo podría decirlo de esta forma
Porque sabes bien que me dominan las palabras
Pero más los sentimientos
Y que cuando estoy nerviosa, sólo montones de letras digo
Acumuladas en sentido, que doy sin cesar
En un intento fallido de hacerme entender
De no fallar
Todo lo que siento por tí
Sólo sabría fingirlo sin tí
From
"Forever young" by Alphaville
"Late" by IP
Forever young
You don´t know
You can't understand
What I mean
When saying it's never too late
Because it was never late for us
No matter the time
Forever young
We are
You know it
But don't want to be so
Because you are so in your world
In your cotidianity
That are afraid of change
So, maybe we could be as young as we want to
But won't ever be as grey as you think you are
'Cause everything is in your mind
For the better
For the mad
"Pero me acuerdo de tí" by Christina Aguilera
"Tormenta de arena" by Dorian
"Mi grito" by IP
Pero me acuerdo de tí... De tus palabras tan sanas...
Nooo ohh
Pero me acuerdo.... De lo que solías hacer mientras caminábamos juntos a la siguiente parada...
Todo lo que siento por tí...
Sólo podría decirlo así
Podría decirlo ASÍ
Te he perdido entre la gente, te he dejado y olvidado
Y cuando llega un nuevo día
Mi dices "Si cambiarías, sí"
Sólo podría decirlo de esta forma
Porque sabes bien que me dominan las palabras
Pero más los sentimientos
Y que cuando estoy nerviosa, sólo montones de letras digo
Acumuladas en sentido, que doy sin cesar
En un intento fallido de hacerme entender
De no fallar
Todo lo que siento por tí
Sólo sabría fingirlo sin tí
From
"Forever young" by Alphaville
"Late" by IP
Forever young
You don´t know
You can't understand
What I mean
When saying it's never too late
Because it was never late for us
No matter the time
Forever young
We are
You know it
But don't want to be so
Because you are so in your world
In your cotidianity
That are afraid of change
So, maybe we could be as young as we want to
But won't ever be as grey as you think you are
'Cause everything is in your mind
For the better
For the mad
Tuesday, 16 August 2016
About If I die young - The Band Perry (Performed by Glee)
There are things you find suddenly, without any notice. They touch you as you haven't thought they could, and even your mood, changes.
That's what happened to me with this song. I was looking for some cool and cheerful songs to listen to, and I ran into it. I was impressed because of the title, so I decided to listen to it. It was a beautifully sang song that talked about leaving this world a little bit early. About the wishes a person could ask for when dying, or when it had been gone.
I was wondering, what I would like to have if I died young. But I really don't know. Probably two or three specific songs: Angels by Robbie Williams, May angels lead you in by Jimmy eat world, and Fly by Hilary Duff. But I'd needed more. Much more. Maybe La Tierra by Juanes, as I'll stand by you by Corey Monteith.
It is not nice to think about your own non-eternity, but sometimes it is necessary, because you need to remember the reasons you have to keep living, until your heart stops beating, as I listen once in a movie (Eclipse).
Regarding me, I'll go to prepare my English class now, and continue my performance, enjoying the music I love, as All yours by Metric.
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The Band Perry
Monday, 16 May 2016
It's never too late
El hombre me miró. Le devolví la mirada, y sonreí, de pura dicha. ¿Qué había tenido que pasar para darme cuenta que era él a quien había estado esperando? Su sonrisa, tierna y sencilla, tan genuina, tan fresca, me transmitía esa confianza que sólo un verdadero amigo te puede dar. Quise besarlo, pero no pude. Lo abracé, como siempre hacía cuando estábamos en una situación en la que era evidente que necesitábamos tocarnos, pero no se podía, o no se debía. Me devolvió el abrazo, me besó con sus labios en mi mejilla derecha, y nuevamente nos quedamos mirándonos. Consintió mi cara, mi nariz, mis mejillas, mis manos, con esa ternura tan particular en él, tan hermosa. No necesitaba agregar muchas palabras, porque sus actos hablaban solos. La energía que emanaba su cuerpo era positiva, esperanzadora, tierna... Sin igual.
No quería que nos tuviésemos que alejar de nuevo, pero así eran las cosas. Además, había un trabajo, un lugar, un futuro de por medio. Supe que era la última vez que nos veríamos, al menos de manera consciente e intencionada. Vi una parte de mi futuro reflejada en sus ojos, y no pude evitar que un lágrima se asomase. Una, dos, tres, incontables. La expresión de su rostro cambió, y, preocupado, simplemente me abrazó. Y entonces, le dije al oído lo que hacía tanto tiempo todo mi ser necesitaba expresarle: "Te quiero. Mucho. No sabes cuánto voy a extrañarte, cuánta falta me vas a hacer. Gracias por haber sido mi ángel, desde cuando "peleaste por mí" al principio, hasta este mismo momento. Nunca conocí alguien como tú. Mereces mucho más de lo que tienes acá. Espero que algún día la vida haga justicia... Y ohh, diantres, en serio te quiero mucho!".
Sentí su sonrisa, al tiempo que su afecto. Me dí cuenta que poco a poco más gente seguía entrando y saliendo de la sala, y supe que era momento de irme. Lo miré por última vez, y le entregué mi regalo, pensando en las ironías de la vida, como aquella, habiendo regalado 2 libros escritos en diferentes idiomas a dos personas que yo había amado, y que probablemente se habían cruzado en la misma universidad y departamento. Él me devolvió la mirada, me apretó fuerte la mano, y me la besó. Sonreí enternecida, y me alejé. Bajé las escaleras, que tantas veces había transitado en los últimos meses, llegué al primer piso, me despedí de la querida guarda de seguridad que me esperaba, como siempre, con una sonrisa. Salí al sol de aquella tarde de viernes, sintiendo muchas emociones juntas, pero principalmente, extrañándolo, y con la incertidumbre por el infinitamente posible milagro. Llevando el regalo especial de una estudiante en mis brazos, caminé calle arriba. Para dirigirme a donde, durante mucho tiempo, había estado mi segundo hogar. Y al cual ahora volvía para confirmar si, realmente, uno siempre vuelve a los lugares donde amó la vida.
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No quería que nos tuviésemos que alejar de nuevo, pero así eran las cosas. Además, había un trabajo, un lugar, un futuro de por medio. Supe que era la última vez que nos veríamos, al menos de manera consciente e intencionada. Vi una parte de mi futuro reflejada en sus ojos, y no pude evitar que un lágrima se asomase. Una, dos, tres, incontables. La expresión de su rostro cambió, y, preocupado, simplemente me abrazó. Y entonces, le dije al oído lo que hacía tanto tiempo todo mi ser necesitaba expresarle: "Te quiero. Mucho. No sabes cuánto voy a extrañarte, cuánta falta me vas a hacer. Gracias por haber sido mi ángel, desde cuando "peleaste por mí" al principio, hasta este mismo momento. Nunca conocí alguien como tú. Mereces mucho más de lo que tienes acá. Espero que algún día la vida haga justicia... Y ohh, diantres, en serio te quiero mucho!".
Sentí su sonrisa, al tiempo que su afecto. Me dí cuenta que poco a poco más gente seguía entrando y saliendo de la sala, y supe que era momento de irme. Lo miré por última vez, y le entregué mi regalo, pensando en las ironías de la vida, como aquella, habiendo regalado 2 libros escritos en diferentes idiomas a dos personas que yo había amado, y que probablemente se habían cruzado en la misma universidad y departamento. Él me devolvió la mirada, me apretó fuerte la mano, y me la besó. Sonreí enternecida, y me alejé. Bajé las escaleras, que tantas veces había transitado en los últimos meses, llegué al primer piso, me despedí de la querida guarda de seguridad que me esperaba, como siempre, con una sonrisa. Salí al sol de aquella tarde de viernes, sintiendo muchas emociones juntas, pero principalmente, extrañándolo, y con la incertidumbre por el infinitamente posible milagro. Llevando el regalo especial de una estudiante en mis brazos, caminé calle arriba. Para dirigirme a donde, durante mucho tiempo, había estado mi segundo hogar. Y al cual ahora volvía para confirmar si, realmente, uno siempre vuelve a los lugares donde amó la vida.
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El comienzo
Estábamos cerca, absurdamente. Nos besábamos apasionadamente mientra él me alzaba, me ponía contra su cuerpo, y nos movía a los dos de lugar. La excitación y el deseo que me recorrían en ese momento, no daban cabida a nada más. Nuestras bocas y su interior se habían convertido en un sola, completamente armónica, que se movía al compás de un algo que sólo él y yo comprendíamos. Nuestros cuerpos eran algo extraño y pesado que yo hubiese preferido no tener que manejar en ese momento. Todo lo que quería era vivir lo que estaba sintiendo en ese momento, y quedarme allí, congelada en el tiempo, para siempre. Sus manos me recorrían, por debajo de la ropa, erizando cada parte de mi piel, por dentro y por fuera. El sudor, el humor, y nuestras respiraciones, aumentaban gradualmente, mientras todo lo que nos ocupaba en ese momento, era placer.
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Atracción,
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Pasión,
Relationships,
Sentimiento
Sunday, 6 March 2016
Lo real, y algo imaginario
Sus manos acariciaban suavemente mi cuerpo, como una delicada pluma, que, en vez de erizarme, me calmaba. Su voz sonaba como un susurro en mi oído, diciéndome cosas hermosas, tiernas y perfectas, que me hacían, nuevamente, creer. En la vida, en la esperanza, y en el amor.
Una lágrima resbaló por mi rostro. No había diferencia entre la tristeza y la felicidad, pues ambas iban de la mano. Aquellos cuentos de hadas en los que en algún momento había creído, se habían transformado completamente. Diez años no parecían serlo, ni yo me asemejaba a la adolescente que había sido. La de aquella fotografía, vestida de negro, utilizando un modelo de blusa que la había fascinado desde que el profesor de Danzas lo había mostrado. Tenía una media sonrisa, con mi mano contra la cadera, y a mi lado estaba una "sombra", una persona con la que habíamos vivido lo que llamábamos "amistad", no por el significado como tal de la palabra, sino por el hecho de contarnos confidencias desde que nos habíamos conocido en el jardín infantil, y luego en el colegio.
La extrañaba, o al menos, añoraba aquellos tiempos en los que las preocupaciones diarias y existenciales se dirigían principalmente hacia ser uno mismo, rebelarse frente a lo establecido, y lograr cumplir los sueños pese a la resistencia del resto del mundo. Con ella habíamos hablado muchas veces sobre aquello, discutiendo sobre lo que haríamos al ser famosas cantantes o actrices, viajando por todo el mundo, conociendo a nuestras ídolas e ídolos, y siendo, en una palabra de nuestro léxico, felices.
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La lluvia arreciaba por momentos, y yo la oía golpear contra la ventana, contra el vidrio. El sonido del piano que escuchaba a mi lado, me alentaba a continuar, pese a que había algo en mí que se resistía. Los recuerdos eran lindos, y esperanzadores, pero dolorosamente lejanos. Irresistible sentía aquellas ganas de cerrar mis ojos, y volver a esos años, a esa vida. Me encontraba en el mismo escritorio donde tantas horas de los últimos años había pasado leyendo, trabajando y estudiando, pero no quería continuar. Quería gritar, quería volar, quería algo más.
No, no podía volver en el tiempo, eso sólo podía ocurrir en películas o la televisión. Volver a esperar con ansias el capítulo nuevo de mis series de TV favoritas, una de Estados Unidos, otra de Argentina, o cantar y bailar con todas mis fuerzas las canciones que más amaba en el mundo, mientras me imaginaba un público enorme que se movía y gritaba al compás, convirtiéndonos todos en un solo cuerpo. Los videos que habíamos hecho con aquella amiga, ahora lejana y desconocida, jugando y sintiéndonos las mayores estrellas mundiales, habían sido creados en esa misma habitación, en ese mismo lugar, desde donde yo aún me encontraba. Donde me encuentro ahora.
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Ese sentimiento... Esa paz que encuentras sólo cuando escuchas ciertas canciones o melodías... Ese, tal vez, es con el cual quiero morir. No hay otra manera, para mí. Esa es la felicidad en la tierra. No hay grito, historia (tal vez si hay alguna), situación o recuerdo (tal vez puede haber alguno), con el cual pueda sentir tal conexión con mi razón para estar aquí, para vivir, para seguir soñando, y para ser felíz.
Hay canciones que cuentan historias. Depende de quién las escucha, y quién las interpreta, el contenido cambia, así como sus protagonistas. Al final, todos podemos ser Gustavo, Camilo, Cristian, Eduardo, Diego o Juan. Todas podemos ser Camila, Juana, Laura, Lisa o Cecilia. O alguien más. El amor, la pasión, los sentimientos, las emociones, nos unen, nos diferencian, y nos identifican.
Ahora bien, una fecha es sólo eso, a no ser... Que sea el día en el que siempre has celebrado tu nacimiento. O tu primer beso de amor. O tu primer encuentro sexual. O cuando nacieron las personas que quieres, o que amas.
Y, entonces, ¿Qué pasa cuando una fecha normal se encuentra con una canción hasta hace poco re-conocida, y se mezclan con un suceso inesperado? ¿Y, además, si la vida y la muerte han estado allí rondando, debatiéndose entre hasta dónde llegar, y hasta dónde dejar?
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Bogotá, Bogotá, Colombia
Thursday, 11 February 2016
El final
Llegué al lugar acordado. Faltaba media hora para la cita y yo ya estaba allí. Me pregunté si aquella no sería otra de mis fantasías con él pero el pellizco que me hice sentir en el antebrazo fue inconfundible: Era real.
Los minutos y segundos pasaban mientras yo, nerviosa, caminaba de un lado para otro, retorciéndome las manos, también en parte por el frío. Bogotá era una ciudad cuyo clima comúnmente helado y lluvioso había comenzado a cambiar de manera drástica con el tiempo. El calor insoportable, el sol cegador y responsable de varias migrañas y foto-fobias en la gente, y la sensación de estar constantemente entre humores corporales se habían vuelto parte de nuestro cotidiano citadino. Sin embargo, esta vez, la amenaza de llovizna que se veía en las montañas se reflejaba de alguna manera en el viento que sentía pasar por mi cara en ese momento, levantando al vuelo mi gabán, y para la falsa ilusión de algunos, mi vestido.
Definitivamente, ese era un día diferente, ¡Qué novedad! Incluso en el clima, pues aquel brillo solar sofocante y quemador de las pieles más delicadas había dado paso a, nuevamente, fuertes vendavales cargados con un tenue rocío, el cual, debo confesar, disfrutaba sentir en mi piel sin importar el momento en el que ocurriese. Recordé que una vez leí que el clima reflejaba lo que las personas experimentaban. Eso explicaba cómo, muchas veces, los funerales ocurrían bajo una lluvia inclemente, en la que el cielo parecía llorar tanto o más que los dolientes. O cuando salía de una iglesia una radiante pareja de recién casados, bajo un precioso día en el que el sol parecía reflejar el significado de la palabra Felicidad.
De pronto, escuché el repiqueteo de campanas de la capilla cercana: Faltaban 15 minutos. Sonreí nerviosa, mirando para el suelo, como siempre me pasaba cuando pensaba en algo relacionado con él, o con mis más profundos sentimientos (o deseos), en la vida. Era imposible negar que la satisfacción de, finalmente, acabar con aquel juego, me hacía sentir nostalgia de los tiempos pasados, que ninguno de los dos sabíamos que lo fuesen a ser, así como también traían a mi mente posibles escenas futuras de lo que ocurriría,
Esto era agotador, aunque al mismo tiempo excitante, si cabía la palabra. Él era tan obstinado y yo también, que difícilmente podría saber en qué terminaría todo, hasta que finalmente sucediese. Hasta que uno o los dos sucumbiésemos a algo más. Ese sería el final.
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Algo ocurrió. Sentí cómo mi cuerpo se movía involuntariamente, mientras todo a mi alrededor también lo hacía. Un derrumbe de emociones, junto con una extraña sensación de mareo, y pérdida del equilibrio me invadieron. Cerré mis ojos para no ver, para no ser consciente de lo que estaba pasando, pese a no saberlo en absoluto. Escuché voces y gritos lejanos y de pronto, me caí. Todo se volvió negro.
En algún momento, fui consciente de un olor a tierra y escombros que me hizo estornudar varias veces. Supe que había algo extraño, particularmente en mí misma. De repente, por impulso y debido al dolor, me toqué la cabeza por detrás. Sin abrir los ojos pude notar el olor a óxido característico de la sangre, y por lo que palpaba mi mano, era abundante. Estaba sangrando.
Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo mientras el miedo me invadió de repente. No quería morir, eso era claro, y mucho menos de esa forma. Por un momento, algo en mi inconsciente me dijo que había algo importante que no recordaba, pero que estaba ahí. Hice mi mayor esfuerzo por acordarme de aquello pero no lo logré. Aterrada, comencé a obligarme a decir, en mi mente, los nombres, fechas y relaciones que tenia con las personas más allegadas: Me llamo... , tengo 26 años, vivo y nací en Bogotá, mis padres se llaman... , tengo unos hermanos y hermana llamados... , vivo en... , mi teléfono es... , mi cédula es... Por momentos sentía que no lograba recordar toda la información, pero, y pese a la creciente jaqueca que sentía, me obligué a recordar hasta que lo hice.
Abrí los ojos. El polvo y lo que parecía ser una espesa capa de humo lo cubría todo, y a duras penas podía ver los objetos más cercanos a mí. Devastada, traté de girar y ver a mi alrededor, pero no lo logré. El dolor corporal que tenía me lo impedía, al igual que una especie de parálisis que sentía desde mi cuello para arriba. Pese a estar medianamente sentada, noté que mantenía mi peso en mi mano derecha, la cual estaba apoyada en el piso. Traté de incorporarme lentamente, y con gran dificultad logré abrazarme las piernas: Magulladas, llenas de suciedad, con algunos raspones, y, por encima de todo, extrañas. Así las veía.
No entendía nada. Por algún motivo comencé a cantar una nana, como consolándome a mí misma al estar viviendo aquello. En un momento quise gritar para pedir ayuda, pero no lo hice. No sabía si podía físicamente hacerlo, y el sólo riesgo de descubrir que no podía, me paralizó. Traté de pensar en algo alegre, lindo o esperanzador, pero no pude. De repente, sentí un vacío en mi estómago que hacía mucho tiempo no sentía: Lo que fuese que hubiera ocurrido donde yo me hallaba podría haberse repetido en otras partes de la ciudad. Busqué mi celular desesperada, untando con sangre mi bolso, al utilizar la mano derecha. Lo encontré, y quise marcar el número que necesitaba, pero mis dedos no me respondieron. Comencé a notar que veía algunas cosas de manera muy extraña, unas como si flotaran, otras borrosas, y otras con unos extraños colores alrededor. Recordé, irremediablemente, algunos retazos de mis clases en la universidad cuando veíamos Neurociencias, y las manifestaciones sensoriales que se percibían cuando se experimentaba un accidente cerebro-vascular. Era horrible ser consciente de ello, y me di cuenta de cómo el pánico sólo encontraba formas de crecer en mí, ahora con aquel viso de conciencia. Traté, en vano, de marcar el número de celular que inconfundiblemente recordaba, y al final tuve que rendirme, sintiendo las lágrimas resbalar por mi rostro.
Pensé en ella, en la persona que más quería, amaba y necesitaba en el mundo. No saber cómo estaba, ni cómo estaban los demás, al igual que saber que ellos no sabían cómo estaba yo, me producía una tristeza y desazón difíciles de expresar. Sabía que estaría angustiada por mí y por todos, si estaba consciente desde luego, y que las líneas de telecomunicación probablemente estarían caídas, por lo que sería imposible comunicarse. Poco a poco me dejé caer de nuevo, sintiéndome ir cada vez más. Rápidos pensamientos y recuerdos pasaban por mi mente, curiosamente muchos eran hermosos, llenos de orgullo, alegría y felicidad. No era consciente de si tenía los ojos abiertos o cerrados mientras ocurría aquello, pero sí sabía que sonreía. Sabía lo que probablemente se avecinaría, y, pese al miedo que sentía, una parte de mí estaba tranquila, y gracias a esas imágenes, felíz.
Un brazo me levantó por detrás de la espalda, o eso que aún sentía que lo era. Por un momento, la imagen de aquel hombre musculoso de facciones suaves y ojos hermosos, que había conocido en una fiesta y que había captado mi atención, apareció en mi mente. Quise abrir los ojos para ver si era él, pero no pude hacerlo. Sentí cómo ese alguien me elevaba y percibía su respiración y humor, pese a la densa capa de polvo que seguramente lo recubría. Sí era un hombre, y era fuerte, físicamente hablando, pero supe que no era él. No sólo aún era consciente de que sería mucha casualidad que justamente estuviese por la zona y me hubiese visto allí mismo, sino que sentía que quien me llevaba en ese momento, no era alguien que yo conociera ni que me conociese. Sin embargo, y por obvias razones, me sentí eternamente agradecida. Probablemente no resistiría llegar a un sitio para que me atendieran, pero el intento de aquella persona me parecía muy generoso.
Repentinamente, una descarga eléctrica sacudió mi cuerpo y una imagen inconfundible ocupó todo el espacio libre en mi mente. Quise, nuevamente, gritar y abrir los ojos para ver la realidad de donde me hallaba, pero, otra vez no lo logré. Su recuerdo me ocupó todo el cuerpo, y pese a que la sensación de mareo y desvanecimiento se acentuaban en mí también, su cara, su voz y su humor se fundieron con lo poco que, sentía, quedaba de mi existencia. Algunas lágrimas que no lograron salir, buscaron otro camino, y sentí que mi corazón, débil, latía al ritmo de lo que podría haber sido un llanto solitario.
Una camilla pegó contra la parte de atrás de mi cuerpo, mientras yo sólo podía ver en mi mente, su cara, y particularmente, sus ojos. Su mirada siempre inquieta me miraba fijamente mientras yo, muda, simplemente lo contemplaba, y, gracias a algo que me estaba haciendo quien o quienes me estaban auxiliando fuera de mi cuerpo, comencé a escuchar con claridad los gritos, ruidos y movimientos que me rodeaban, siendo más consciente de lo que ocurría en mi exterior. De repente, su imagen se desvaneció, al igual que mi consciencia.
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Blanco. Un espacio que parecía vacío, o al menos completamente blanco, me rodeaba. Podía desplazarme por él, pero había algo extraño. No sentía mis piernas, ni mis pies, ni mi cuerpo, de hecho. Sabía que estaba en aquel lugar, y así mismo me movía, pero era como si no necesitase nada más que pensarlo, para saberlo. El recuerdo de él se mantenía en mí, también de una forma diferente a la usual, y, a pesar de todo, dolía
Los minutos y segundos pasaban mientras yo, nerviosa, caminaba de un lado para otro, retorciéndome las manos, también en parte por el frío. Bogotá era una ciudad cuyo clima comúnmente helado y lluvioso había comenzado a cambiar de manera drástica con el tiempo. El calor insoportable, el sol cegador y responsable de varias migrañas y foto-fobias en la gente, y la sensación de estar constantemente entre humores corporales se habían vuelto parte de nuestro cotidiano citadino. Sin embargo, esta vez, la amenaza de llovizna que se veía en las montañas se reflejaba de alguna manera en el viento que sentía pasar por mi cara en ese momento, levantando al vuelo mi gabán, y para la falsa ilusión de algunos, mi vestido.
Definitivamente, ese era un día diferente, ¡Qué novedad! Incluso en el clima, pues aquel brillo solar sofocante y quemador de las pieles más delicadas había dado paso a, nuevamente, fuertes vendavales cargados con un tenue rocío, el cual, debo confesar, disfrutaba sentir en mi piel sin importar el momento en el que ocurriese. Recordé que una vez leí que el clima reflejaba lo que las personas experimentaban. Eso explicaba cómo, muchas veces, los funerales ocurrían bajo una lluvia inclemente, en la que el cielo parecía llorar tanto o más que los dolientes. O cuando salía de una iglesia una radiante pareja de recién casados, bajo un precioso día en el que el sol parecía reflejar el significado de la palabra Felicidad.
De pronto, escuché el repiqueteo de campanas de la capilla cercana: Faltaban 15 minutos. Sonreí nerviosa, mirando para el suelo, como siempre me pasaba cuando pensaba en algo relacionado con él, o con mis más profundos sentimientos (o deseos), en la vida. Era imposible negar que la satisfacción de, finalmente, acabar con aquel juego, me hacía sentir nostalgia de los tiempos pasados, que ninguno de los dos sabíamos que lo fuesen a ser, así como también traían a mi mente posibles escenas futuras de lo que ocurriría,
Esto era agotador, aunque al mismo tiempo excitante, si cabía la palabra. Él era tan obstinado y yo también, que difícilmente podría saber en qué terminaría todo, hasta que finalmente sucediese. Hasta que uno o los dos sucumbiésemos a algo más. Ese sería el final.
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Algo ocurrió. Sentí cómo mi cuerpo se movía involuntariamente, mientras todo a mi alrededor también lo hacía. Un derrumbe de emociones, junto con una extraña sensación de mareo, y pérdida del equilibrio me invadieron. Cerré mis ojos para no ver, para no ser consciente de lo que estaba pasando, pese a no saberlo en absoluto. Escuché voces y gritos lejanos y de pronto, me caí. Todo se volvió negro.
En algún momento, fui consciente de un olor a tierra y escombros que me hizo estornudar varias veces. Supe que había algo extraño, particularmente en mí misma. De repente, por impulso y debido al dolor, me toqué la cabeza por detrás. Sin abrir los ojos pude notar el olor a óxido característico de la sangre, y por lo que palpaba mi mano, era abundante. Estaba sangrando.
Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo mientras el miedo me invadió de repente. No quería morir, eso era claro, y mucho menos de esa forma. Por un momento, algo en mi inconsciente me dijo que había algo importante que no recordaba, pero que estaba ahí. Hice mi mayor esfuerzo por acordarme de aquello pero no lo logré. Aterrada, comencé a obligarme a decir, en mi mente, los nombres, fechas y relaciones que tenia con las personas más allegadas: Me llamo... , tengo 26 años, vivo y nací en Bogotá, mis padres se llaman... , tengo unos hermanos y hermana llamados... , vivo en... , mi teléfono es... , mi cédula es... Por momentos sentía que no lograba recordar toda la información, pero, y pese a la creciente jaqueca que sentía, me obligué a recordar hasta que lo hice.
Abrí los ojos. El polvo y lo que parecía ser una espesa capa de humo lo cubría todo, y a duras penas podía ver los objetos más cercanos a mí. Devastada, traté de girar y ver a mi alrededor, pero no lo logré. El dolor corporal que tenía me lo impedía, al igual que una especie de parálisis que sentía desde mi cuello para arriba. Pese a estar medianamente sentada, noté que mantenía mi peso en mi mano derecha, la cual estaba apoyada en el piso. Traté de incorporarme lentamente, y con gran dificultad logré abrazarme las piernas: Magulladas, llenas de suciedad, con algunos raspones, y, por encima de todo, extrañas. Así las veía.
No entendía nada. Por algún motivo comencé a cantar una nana, como consolándome a mí misma al estar viviendo aquello. En un momento quise gritar para pedir ayuda, pero no lo hice. No sabía si podía físicamente hacerlo, y el sólo riesgo de descubrir que no podía, me paralizó. Traté de pensar en algo alegre, lindo o esperanzador, pero no pude. De repente, sentí un vacío en mi estómago que hacía mucho tiempo no sentía: Lo que fuese que hubiera ocurrido donde yo me hallaba podría haberse repetido en otras partes de la ciudad. Busqué mi celular desesperada, untando con sangre mi bolso, al utilizar la mano derecha. Lo encontré, y quise marcar el número que necesitaba, pero mis dedos no me respondieron. Comencé a notar que veía algunas cosas de manera muy extraña, unas como si flotaran, otras borrosas, y otras con unos extraños colores alrededor. Recordé, irremediablemente, algunos retazos de mis clases en la universidad cuando veíamos Neurociencias, y las manifestaciones sensoriales que se percibían cuando se experimentaba un accidente cerebro-vascular. Era horrible ser consciente de ello, y me di cuenta de cómo el pánico sólo encontraba formas de crecer en mí, ahora con aquel viso de conciencia. Traté, en vano, de marcar el número de celular que inconfundiblemente recordaba, y al final tuve que rendirme, sintiendo las lágrimas resbalar por mi rostro.
Pensé en ella, en la persona que más quería, amaba y necesitaba en el mundo. No saber cómo estaba, ni cómo estaban los demás, al igual que saber que ellos no sabían cómo estaba yo, me producía una tristeza y desazón difíciles de expresar. Sabía que estaría angustiada por mí y por todos, si estaba consciente desde luego, y que las líneas de telecomunicación probablemente estarían caídas, por lo que sería imposible comunicarse. Poco a poco me dejé caer de nuevo, sintiéndome ir cada vez más. Rápidos pensamientos y recuerdos pasaban por mi mente, curiosamente muchos eran hermosos, llenos de orgullo, alegría y felicidad. No era consciente de si tenía los ojos abiertos o cerrados mientras ocurría aquello, pero sí sabía que sonreía. Sabía lo que probablemente se avecinaría, y, pese al miedo que sentía, una parte de mí estaba tranquila, y gracias a esas imágenes, felíz.
Un brazo me levantó por detrás de la espalda, o eso que aún sentía que lo era. Por un momento, la imagen de aquel hombre musculoso de facciones suaves y ojos hermosos, que había conocido en una fiesta y que había captado mi atención, apareció en mi mente. Quise abrir los ojos para ver si era él, pero no pude hacerlo. Sentí cómo ese alguien me elevaba y percibía su respiración y humor, pese a la densa capa de polvo que seguramente lo recubría. Sí era un hombre, y era fuerte, físicamente hablando, pero supe que no era él. No sólo aún era consciente de que sería mucha casualidad que justamente estuviese por la zona y me hubiese visto allí mismo, sino que sentía que quien me llevaba en ese momento, no era alguien que yo conociera ni que me conociese. Sin embargo, y por obvias razones, me sentí eternamente agradecida. Probablemente no resistiría llegar a un sitio para que me atendieran, pero el intento de aquella persona me parecía muy generoso.
Repentinamente, una descarga eléctrica sacudió mi cuerpo y una imagen inconfundible ocupó todo el espacio libre en mi mente. Quise, nuevamente, gritar y abrir los ojos para ver la realidad de donde me hallaba, pero, otra vez no lo logré. Su recuerdo me ocupó todo el cuerpo, y pese a que la sensación de mareo y desvanecimiento se acentuaban en mí también, su cara, su voz y su humor se fundieron con lo poco que, sentía, quedaba de mi existencia. Algunas lágrimas que no lograron salir, buscaron otro camino, y sentí que mi corazón, débil, latía al ritmo de lo que podría haber sido un llanto solitario.
Una camilla pegó contra la parte de atrás de mi cuerpo, mientras yo sólo podía ver en mi mente, su cara, y particularmente, sus ojos. Su mirada siempre inquieta me miraba fijamente mientras yo, muda, simplemente lo contemplaba, y, gracias a algo que me estaba haciendo quien o quienes me estaban auxiliando fuera de mi cuerpo, comencé a escuchar con claridad los gritos, ruidos y movimientos que me rodeaban, siendo más consciente de lo que ocurría en mi exterior. De repente, su imagen se desvaneció, al igual que mi consciencia.
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Blanco. Un espacio que parecía vacío, o al menos completamente blanco, me rodeaba. Podía desplazarme por él, pero había algo extraño. No sentía mis piernas, ni mis pies, ni mi cuerpo, de hecho. Sabía que estaba en aquel lugar, y así mismo me movía, pero era como si no necesitase nada más que pensarlo, para saberlo. El recuerdo de él se mantenía en mí, también de una forma diferente a la usual, y, a pesar de todo, dolía
¿Dolor? Me pregunté de qué manera podía yo sentir aquello, cuando ni siquiera percibía un cuerpo que lo sintiera. De una manera muy diferente a la que había sido en mi vida, ese pensamiento, esa inquietud se fue de mi ¿Mente?, y continué simplemente sintiendo aquello.
Quise hablar, gritar, pero no podía. Esa idea la sentí, nuevamente, extraña, diferente a como solía formarse en mi cabeza. ¿Qué había pasado? Evidentemente aún tenía algo en mí que funcionaba, pues sentía cosas, y el recuerdo de él permanecía en mí. Ergo, no estaba muerta ¿En un limbo, quizás?
Quise hablar, gritar, pero no podía. Esa idea la sentí, nuevamente, extraña, diferente a como solía formarse en mi cabeza. ¿Qué había pasado? Evidentemente aún tenía algo en mí que funcionaba, pues sentía cosas, y el recuerdo de él permanecía en mí. Ergo, no estaba muerta ¿En un limbo, quizás?
Qué absurdo, demasiadas series de TV y películas había creído en mi vida. Entonces, si no era ninguna de la dos, ¿Qué pasaba, y cómo le pondría fin? Estas ideas revoloteaban en mí, pero no las sentía pesadas, estresantes, o absurdas, como habría podido esperar. Antes bien, eran parte de la misma esencia de lo que era yo en ese momento.
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Una película se rebobinó en mi mente a toda velocidad. escenas, personas que conocía y reconocía, con otras que no, pasaron como una ráfaga frente a mí. Los recuerdos y una vaga sensación de nostalgia me fueron apareciendo en aquel retazo de existencia que tenía, aunque no entendía aún cómo era posible que recordara o sintiera sin tener un cerebro que pudiera percibir aquello.
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Una película se rebobinó en mi mente a toda velocidad. escenas, personas que conocía y reconocía, con otras que no, pasaron como una ráfaga frente a mí. Los recuerdos y una vaga sensación de nostalgia me fueron apareciendo en aquel retazo de existencia que tenía, aunque no entendía aún cómo era posible que recordara o sintiera sin tener un cerebro que pudiera percibir aquello.
Por algún motivo la película se "detuvo" en una escena en la que estábamos los dos, solos. Había un cuarto en el que entraba la luz de una ventana amplia, mientras que los dos estábamos parados frente a frente, mirándonos, mientras el sol brillaba por ella un poco, dando el indicio de que ya caía la tarde. Quise intentar recordar aquello, cuándo había ocurrido, en dónde, pero no lo logré. No reconocía aquella habitación, ni nuestras expresiones, ni el día en el que esa escena había ocurrido... Lo que sí tenía claro era que nos estábamos comunicando, mediante nuestras miradas, la posición de nuestros cuerpos y la cercanía que emanábamos. Sentí una ligera sensación de alegría al vernos allí, y por un momento quise quedarme así, viéndonos, para siempre. Sin embargo, un momento después la "cinta" continuó devolviéndose a toda velocidad, sin dejarme siquiera ver lo que había pasado antes en esa situación.
Cerré aquello que sentía como "mis ojos", y nuevamente su cara ocupó toda mi "mente". Me di cuenta que podía haber transcurrido poco o mucho tiempo desde que me había "convertido" en aquel ser, pero el recuerdo de su rostro seguiría en mí, tan claro como siempre. La rebobinación se detuvo, y la imagen que apareció se quedó en blanco
¿Qué significaba aquello? ¿Por qué había parado y yo no podía hacer nada más, sólo contemplarlo?
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Percibí gritos y voces cercanos aunque no entendía lo que estaba ocurriendo. Comencé a sentir nuevamente un peso, mucho dolor y una sensación de percepción corporal. No entendía lo que pasaba pero me dolía algo así como una masa de nuevo, que ahora podía sentir. Extrañaba la sensación de antes, sin pesos, cargas, dolores. Creía entender lo que había ocurrido pero no estaba totalmente segura y no me interesaba estarlo. Quería encontrarlo a él, volver a verlo de alguna manera, sentirlo una vez más. El recuerdo de su cara, usualmente vívido e intenso, se iba disminuyendo conforme la sensación de peso y dolor corporal aumentaban. "Lo extraño", me di cuenta, mientras escuchaba un pito intermitente proveniente de algún lugar cercano, unido a unos gritos humanos de júbilo.
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