La protagonista. Siempre es ella, alrededor suyo se tejen las más increíbles historias sin que se dé cuenta, hasta que el final se entera de que los problemas y las soluciones que tanto escuchaba eran sobre ella, que ella era la verduga que había creado todo el drama sin siquiera darse cuenta, y también era la salvadora que traería el final felíz a esas historias...
Luego, me miro. No necesito un espejo, un reflejo para verme. Me doy cuenta que soy yo, que siempre lo he sido, y probablemente lo seré. Siempre seré esa persona que no puede evitar imaginar que los conflictos o problemas que le parecen medio raros o que algo no cuadra, son en los que de alguna manera ella tiene que ver, si es que no es una de las principales protagonistas. Creo que es algo que me ha pasado siempre, y aún hoy en Agosto del 2011 me sigue pasando: conocer que alguien tiene un problema con otra persona, recordar algunas pocas razones por las que yo podría ser esa otra persona, y luego darme cuenta que puedo o puedo no tener que ver, pero que igual las cosas seguirán su cauce normal hasta que al final (probablemente) me entere si era o no yo la persona con la que se tenía un problema...
Aghh que mal. A veces pienso que me gustaría no haber visto y leído nunca de niña las películas y libros que ví y leí, y los que me gustan hoy en día. No puedo evitar ponerme siempre en el lugar de la protagonista, imaginarme claramente que soy ella, y sentir profundamente su dolor, alegría, felicidad o verguenza frente a alguna de las situaciones por las que pasa. Esa costumbre de pensar y creer que todas esas historias de amor o de fantasía o de superación o de fortaleza, yo podría ser su protagonista, quien al final logra cumplir sus sueños y es felíz para siempre... esa costumbre me trae más problemas que cosas positivas, me hace más sufrir que ser felíz... Mentiras, mientras veo o leo esa historia, puedo ser la persona más felíz del mundo, porque es como si literalmente saliera de este mundo desde el que estoy escribiendo ahora, y entrar y viviera todo lo que pasa en esa trama que estoy viendo en mi mente. El problema es que cuando eso se acaba y vuelvo a la realidad, es una desilusión ver que este mundo es taaan diferente de todos los soñados...en donde las personas no son tan predecibles ni tan perfectas como lo son en esas historias... Y sigo, a pesar de todo sigo sintiéndome la protagonista de todo aquello que me rodea. Es como lo que se explica en Psicología del Desarrollo, cuando el niño aún no logra comprender que no todo gira a su alrededor, y que no es solamente lo que él percibe, lo que existe... creo que mi "inocente" corazón y mi incansable mente no han podido superar esa etapa... Cosa que me deja a mí, a mi "yo", en una difícil situación: Realidad Vs. Lo que sueño, pienso y deseo que sea mi realidad. Como resultado de esto, obtengo que mi "yo" (como siempre) entra a mediar: la realidad es esta, así que actúa con lo que existe acá, y de la manera en que las cosas funcionan acá, pero nunca dejes de soñar y luchar porque algún día tus sueños, pensamientos y deseos por cumplir, sean finalmente tu realidad...
Pero, cosa curiosa: un momento de mi vida en el que viví lo que tanto había soñado, imaginado y deseado que pasara taaaantas veces, fue... diferente a cómo lo había imaginado:
-Tal como en mi sueño sí lo ví, estaba a no más de 30 cms de mi cara, pero a diferencia de mi sueño, no pudimos vernos a los ojos.
-En mi sueño, efectivamente yo estaba en ese mágico lugar, junto con muchas otras personas, pero a diferencia de mi sueño, lo que tuve que vivir con esas personas antes de que llegara él, no lo había vaticinado ni en ninguna de mis pesadillas, porque realmente fue muy feo, casi casi me hace perder la fe, la lucha, todo, casi me hace salir corriendo de ese mágico lugar para no soportar más el horrible ambiente que esas personas estaban haciendo mientras esperábamos a que él y los demás llegaran.
-En mi sueño, sólo eramos él y yo mirándonos a los ojos tras pronunciar una palabra o ninguna, pero en la realidad, a diferencia de mi sueño, él y yo no nos pudimos mirar, pero sí con otras personas nos miramos, con unas con las que nunca hubiera imaginado que me miraría, e incluso diría unas palabras de agradecimiento... eso no estaba para nada en mi tan recurrente sueño con él.
Y así, muchas diferencias entre sueños, fantasía y la realidad, ocurrieron en ese momento tan increíble de mi vida: algunas superaron increíblemente mis sueños, otras fueron realidades horribles, y otras fueron simplemente realidades tan similares a los sueños, que lo único que lograban eran confundirme y hacerme dudar de si todo aquello era otro sueño más que estaba teniendo o era la realidad, la mía.
El saber en ese momento (muy en el fondo), y el también saber ahora, que todo aquello siempre será una realidad de mi vida, es algo que me abruma, me fascina, me deleita, me revitaliza, me hace sentirme real y profundamente orgullosa de mí misma, me sorprende y me hace pensar y sentir que SI es posible que la realidad supere los más increíbles sueños.